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  • Foto del escritorMaren Kids

5 propuestas para trabajar la inteligencia emocional en la escuela

Educación emocional en la escuela

Este cambio de paradigma tiene consecuencias especialmente significativas en el ámbito de la educación. De hecho, numerosos estudios han probado que un mayor cociente emocional y un mayor autocontrol son mejores indicadores de éxito académico que el cociente intelectual. Y no solo esto, sino que los niños con más inteligencia emocional tienen una mayor tasa de éxito profesional y personal en su vida futura, así como una menor probabilidad de ser víctimas de adicciones o de tener comportamientos criminales o de riesgo.

Es indiscutible que las escuelas han avanzado enormemente en la gestión de los aspectos emocionales de la enseñanza, alejándose de la idea del centro educativo como un lugar de mera transmisión de conocimiento. Y a menudo lo han hecho salvando las dificultades derivadas de un currículo excesivamente extenso impuesto por los departamentos de educación o de la eterna falta de recursos económicos y humanos.

Pero también es cierto que todavía queda mucho por hacer a fin de lograr que la sociedad –e incluso la propia comunidad educativa– entienda el lugar central que el buen desarrollo de la inteligencia emocional debe ocupar en la escuela y la necesidad de trabajarla en todos los ciclos, desde infantil hasta bachillerato.

Aunque existen programas específicos de aprendizaje social y emocional que ya están siendo aplicados en algunos centros, en este artículo proponemos, sin ánimo de exhaustividad, algunas estrategias que pueden ser útiles para trabajar la inteligencia emocional de niños y adolescentes.


Los expertos coinciden en la presencia de cinco rasgos determinantes en las personas emocionalmente inteligentes:

  1. Autocontrol: Son capaces de controlar sentimientos y comportamientos impulsivos, tomar la iniciativa y adaptarse a situaciones cambiantes.

  2. Autoconciencia: Reconocen las propias emociones y saben cómo estas afectan a sus pensamientos y comportamientos.

  3. Automotivación: Pueden canalizar las emociones para superar los desafíos cotidianos.

  4. Conciencia social o empatía: Saben ponerse en la piel de los demás.

  5. Gestión de las relaciones: Pueden mantener buenas relaciones con los demás, comunicar claramente, gestionar el conflicto de manera no destructiva, trabajar en equipo, etc.

8 propuestas para trabajar la inteligencia emocional en clase


1. ASAMBLEA DE LA CLASE: El formato de la asamblea, con una disposición en círculo que permita el contacto visual y el trato de igual a igual, es una fantástica herramienta para desarrollar la inteligencia emocional. Se trata de un espacio privilegiado en el que los alumnos pueden expresar cómo se sienten, resolver conflictos mediante el diálogo, reconocer los méritos de sus compañeros y sentirse reconocidos ellos mismos, y encontrar soluciones conjuntas a los problemas comunes. Esta es una estrategia que muchos centros aplican en cursos de infantil y primaria, pero curiosamente es cada vez menos frecuente a medida que los estudiantes crecen. En realidad, no hay ninguna razón para no aplicarla también en ciclos de ESO y de bachillerato, siendo además una muy buena manera de educar para la democracia y de aprender a escuchar otras opiniones.


2. HABLAR DE LAS EMOCIONES: La autoconsciencia es uno de los pilares básicos de la inteligencia emocional. Uno de los grandes problemas al que se enfrentan los niños y adolescentes es la incapacidad de reconocer sus propios sentimientos. Por ello es importante hablar de ellos desde bien temprano, para que los niños puedan apreciar las diferentes emociones que viven y ponerles nombre. Un buen punto de partida puede ser la famosa rueda de Pluchnik, que define los sentimientos en función de tres aspectos: la tipología, el antagonismo y la intensidad. Entre las numerosas actividades que se pueden hacer para trabajar los sentimientos, una opción interesante es proponerles ilustrar, sea mediante un dibujo o mediante un escrito, algunos de estos sentimientos.

3. TABAJAR MEDIANTE LA LITERATURA: Los libros son una de las mejores maneras de trabajar la inteligencia emocional. Abordar la literatura no tanto desde el aspecto formal, sino desde las motivaciones y los sentimientos de los personajes ofrece el contexto ideal para una autorreflexión y también para bonitos debates en clase. Animémosles a plantearse los grandes conflictos narrativos en términos humanos, de modo que puedan hacérselos suyos. Podemos proponerles por ejemplo escribir una carta a alguno de los personajes para aconsejarle, o bien recrear mediante un diálogo alguna escena clave del libro. ¡Las opciones son infinitas!


4. ROL-PLAYING Y TEATRO: Sea a partir de un texto literario, siendo a partir de algún otro tipo de experiencia, el ‘rol playing’ es siempre una buena manera de llevar a los alumnos a ponerse en la piel de otra persona. Ofrecer optativas de teatro o plantearlo incluso como un proyecto para toda la clase es una excelente vía para poner en escena, y por lo tanto entender mejor, sentimientos muy variados.



5. TABAJAR LA PROPIA INTELIGENCIA EMOCIONAL DEL DOCENTE: Ser docente no siempre es fácil, y el nivel de estrés vivido dentro y fuera de las aulas puede ser muy alto. Cualquier profesor o maestro experimenta en sus clases un abanico muy amplio de emociones, tanto positivas como negativas. Por ello, es importante que el propio docente pueda gestionar bien estos sentimientos a fin de canalizarlos positivamente y constituir un buen modelo para sus niños. Siempre es una buena idea impulsar entre el propio profesorado talleres de inteligencia emocional, a fin de que los docentes puedan conocer de primera mano estrategias que después pueden usar y transmitir en sus clases.




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