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  • Foto del escritorMaren Kids

POR QUÉ TE TOMAS LAS COSAS DE MANERA PERSONAL Y CÓMO DEJAR DE HACERLO.

Las relaciones interpersonales suponen un componente vital en nuestra experiencia humana. Somos seres sociales, y es por ello que los vínculos que vamos formando a lo largo de nuestra vida representan nuestra mayor fuente de aprendizaje.

Sin embargo, cuando no tenemos claros nuestros límites emocionales o nos cuesta ponerlos en práctica, sucede que comenzamos a atribuirle a estas conexiones poderes y responsabilidades que solo nos compete a nosotros mismos. Y no solo ocurre en vínculos estrechos y significativos. En nuestro día a día nos enfrentaremos a más de una situación que puede hacernos creer que las acciones del otro buscaban necesariamente atacarnos. Dependiendo de la relación que tengamos con quien actúa, nos veremos tentados a sentirnos traicionados, heridos, ofendidos o rechazados sin detenernos a mirar el contexto en el que nos encontramos.

Pero... ¿qué sucedería si de hecho, nos detuviéramos? Si llenamos el espacio que hay entre una determinada acción y nuestra respuesta emocional con la duda de "¿y si no se trata de mí?", ¿cuáles serían entonces las alternativas?


NO SE TRATA DE TI

Una de las características más fascinantes y propias de nuestra especie es el hecho de que cada uno de nosotros tiene una percepción diferente de la realidad. Si seis personas presencian un suceso y luego cada quien relata lo ocurrido, es probable que tengamos seis distintas historias, enfocadas en diferentes detalles y con diversas interpretaciones. Y probablemente ninguna de ellas esté errada. Cada una fue vista a través de distintos cristales y se construyó a partir de creencias particulares.

Lo que nos conduce a la idea que los significados que le atribuimos a ciertas acciones pueden ser distintos a los que le otorgan los demás. Lo que para nosotros puede resultar obvio, quizá permanezca como un misterio para otros. Lo que consideramos bueno, malo. grato o repulsivo puede ser percibido de manera muy diferente por aquellos que nos rodean, pues cada quien pinta el mundo con sus propios colores.

Además de esto, es importante mencionar que todos tenemos hábitos emocionales. Aquellos que están habituados a la rabia, por ejemplo, se toparán en cada esquina con una razón para manifestar esta emoción. Al igual que quienes han desarrollado el hábito de la gratitud, serán más propensos a encontrar razones para agradecer.

Entonces, la próxima vez que recibas un mal comentario, una crítica hiriente, una mirada antipática, reflexiona... quizá el otro se expresaba desde el único lugar que sabe hacerlo o tal vez estaba proyectando algún vacío o herida emocional en ti. En cualquier caso: no se trata de ti.


ENTONCES... ¿POR QUÉ ME TOMO TODO TAN PERSONAL?



Una vez más, la respuesta a esta pregunta puede lucir diferente para cada quien. Lo sé, así es la psicología. Sin embargo, hay uno o dos motivos con los que muchos de nosotros nos podremos sentir identificados a la hora de responder la pregunta del encabezado. Vamos a explorarlas.

  1. El ego: si aún te sientes confundido con este término (no puedes culparte, es de hecho un término complicado) vamos a quedarnos con la idea que el ego es una entidad psíquica que comienza a construirse desde nuestra etapa gestal y que está compuesta por todas las experiencias de las que hemos sido parte y nuestra interpretación de las mismas. De manera simplificada, puede ser visto como nuestra identidad. Este, busca el placer y evita el dolor. Es por ello que cuando nos enfrentamos a una situación en la que nuestro sistema nervioso advierte de alguna manera que estamos en peligro, nuestro ego buscará la manera de aliviar la tensión culpando a alguien más de nuestro malestar. De esta manera, nos reconfortamos en frases como "me miro mal", "me despreció", "su comentario me ofendió". Sin embargo, este mecanismo de defensa nos resta también el poder de decidir por nuestro bienestar.

  2. Proyecciones: si has identificado que tiendes a tomar de manera personal cosas que, al racionalizarlas, no parecen tan personales, puede que te hayas topado con un detonante emocional. Tus propias dudas o inseguridades están siendo proyectadas por ti en los demás, de esta manera, piensas que los demás te rechazarán por las cosas que te rechazas tú, que al otro le resulta incómodo eso que no te gusta de ti o esperas que los demás duden de tu capacidad para hacer algo que te intimida. Así terminas por atribuirle significado a las palabras o acciones de los demás basándote en tus propias creencias limitantes. Y aunque estas conductas y patrones de pensamientos no nos traen ningún beneficio, es la manera natural en la que nuestra mente opera.


¿CÓMO PUEDO DEJAR DE HACERLO?



  • Fortalece tu auto concepto: mejorar la relación que tienes contigo mismo y la manera en que te percibes es el primer paso para restarle poder a tus inseguridades y, así, evitar proyectar estas en los demás. Esta estrategia también te ayudará a aprender a diferenciar las críticas constructivas de las destructivas, volviéndote capaz de recibir feedback útil para tu crecimiento sin sentirte atacado o menospreciado. Mi Guía de Amor Propio: Me Tengo a Mí es un excelente recurso para comenzar este proceso.

  • Amplia la perspectiva: así como cada día atraviesas situaciones que te hacen sentir alegre, molesto, frustrado, emocionado... los demás también están inmersos en sus propias experiencias. En ocasiones, esa mirada, comentario o acción que te hizo sentir malestar vino desde un lugar que no tenía nada que ver contigo. Y aunque no debes tolerar faltas de respeto o humillaciones, hay situaciones en las que no vale la pena invertir tu energía.

  • Cuestiónate: antes de ofenderte o incomodarte, pregúntate "¿qué más puede significar esta acción?"

  • Asume la responsabilidad: en situaciones en las que de hecho, algo que hayas hecho o dicho produjo una reacción negativa en el otro, asume tu cuota de responsabilidad. Errar es parte de la experiencia humana y nadie está exento de hacerlo. Reconoce si cometiste algún desacierto, haz lo que esté en tus manos para solucionarlo (si fuera el caso) y ármate de compasión para seguir adelante. Los errores son para aprender de ellos, no para vivir en ellos.

  • Comunícate: cuando sea apropiado, simplemente pregunta al otro qué quiso decir. Hacer suposiciones es una forma segura de crear malentendidos y conflictos. Permítete ser vulnerable y expresar cómo te hizo sentir determinada acción.

  • Devuelve a ti el poder: al final del día, es poco lo que podemos hacer para manejar o cambiar las conductas de los demás. Además, no es nuestra responsabilidad arreglar los patrones mentales, inseguridades o heridas emocionales según las que el otro actúa. Lo que sí podemos hacer es decidir qué hacer ante sus acciones. Por ejemplo, si alguien es abusivo o maltratador, quizá sufrió en su niñez algún tipo de abuso. ¿Podemos sanar sus heridas? La respuesta es no. Lo que sí podemos hacer es establecer límites emocionales que impidan que estas heridas terminen por lastimarnos a nosotros. Su maltrato no tiene sus raíces en mí. Pero yo tengo el poder de impedir que me afecte.

Al final, la vida nos seguirá presentando situaciones en las que de una u otra manera nos sintamos atacados. Algunas serán más sencillas de dejar ir mientras que otras costarán un poco más. Sé paciente contigo mismo y recuerda que estás aquí para aprender. Un día a la vez.


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