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¿Cómo saber si mi hijo realmente está aprendiendo y no solo memorizando?

  • Foto del escritor: Maren Kids
    Maren Kids
  • hace 12 horas
  • 4 min de lectura

Comprender, relacionar y aplicar: las señales que nos muestran que el aprendizaje va más allá de recordar una respuesta

“Se lo sabía perfecto ayer… ¿y hoy ya se le olvidó?”

Esta situación seguramente resulta familiar para muchas familias.

Un niño puede estudiar una lista de palabras, repetir una definición, aprenderse las tablas o recordar exactamente lo que dice una página. Pero cuando le hacemos la misma pregunta de una manera diferente, parece que todo desapareció.

Entonces surge la duda:

¿Realmente lo aprendió o solamente lo memorizó?

La memoria es una parte fundamental del aprendizaje. La utilizamos para aprender vocabulario, operaciones, fechas, reglas y muchísima información necesaria.

El problema no es memorizar.

El problema aparece cuando memorizar se convierte en la única forma de aprender.

Memorizar y comprender no son lo mismo

Imaginemos que un niño puede repetir perfectamente:

“Las plantas necesitan agua, luz y nutrientes para crecer.”

Eso nos demuestra que recuerda información.

Pero si después observa una planta que lleva varios días en un lugar oscuro y puede explicar por qué quizá no está creciendo adecuadamente, está haciendo algo diferente:

está utilizando lo que aprendió.

Comprender significa poder relacionar una idea con otras situaciones, explicarla con nuestras propias palabras y utilizarla para resolver algo nuevo.

Por eso, una respuesta correcta no siempre es el único indicador del aprendizaje infantil.

A veces resulta mucho más interesante descubrir cómo llegó el niño a esa respuesta.

Entonces, ¿cómo saber si mi hijo está aprendiendo?

Hay pequeñas señales que podemos observar tanto en casa como en la escuela.

1. Puede explicarlo con sus propias palabras

Una de las mejores maneras de comprobar la comprensión es pedirle que nos explique algo como él lo entiende.

No necesitamos escuchar exactamente las mismas palabras del libro o de la maestra.

De hecho, cuando un niño puede cambiar las palabras y conservar la idea, probablemente está construyendo una comprensión más profunda.

Podemos preguntar:

“¿Cómo me explicarías esto a mí si yo no supiera nada del tema?”

Incluso podemos jugar a que él sea el maestro y nosotros los alumnos.

2. Hace conexiones con cosas que ya conoce

El aprendizaje se vuelve más significativo cuando una idea nueva encuentra dónde acomodarse entre conocimientos anteriores.

Por eso es una excelente señal escuchar frases como:

“¡Esto se parece a lo que vimos el otro día!”

o

“Entonces por eso pasa…”

Cuando un niño relaciona lo aprendido con una experiencia, un libro, otra materia o algo de su vida cotidiana, no solamente está recordando: está construyendo conocimiento.

3. Puede utilizar lo aprendido en una situación diferente

Esta es una de las señales más claras.

Quizá aprendió una operación matemática en clase y después puede utilizarla para calcular cuánto dinero necesita para comprar algo.

O aprendió sobre medidas y espontáneamente quiere medir una mesa en casa.

El conocimiento comienza a cobrar sentido cuando sale del cuaderno y aparece en la vida real.

Preguntar “¿por qué?” puede decirnos más que preguntar “¿cuál es la respuesta?”

A veces los adultos nos concentramos demasiado en llegar a la respuesta correcta.

Pero durante el aprendizaje, el camino puede enseñarnos mucho más.

En lugar de preguntar únicamente:

“¿Cuánto es?”

podemos añadir:

“¿Cómo lo supiste?”

O:

“¿Por qué crees que sucede eso?”

“¿Cómo podríamos comprobarlo?”

“¿Qué pasaría si cambiáramos esto?”

Estas preguntas ayudan a desarrollar el pensamiento crítico en los niños, porque los invitan a explicar, imaginar, comparar y encontrar soluciones.

Y sí: probablemente tardaremos un poquito más que simplemente diciendo “muy bien, correcto”. 😂

Pero ahí ocurre buena parte del aprendizaje.

Equivocarse también nos permite saber si está aprendiendo

Este punto es importante.

A veces asociamos aprendizaje con tener todas las respuestas correctas.

Pero un niño que se equivoca, vuelve a intentarlo, cambia de estrategia y finalmente descubre qué ocurrió está desarrollando habilidades valiosísimas.

El error permite observar su razonamiento.

Por eso, en lugar de corregir inmediatamente, podemos preguntar:

“¿Quieres revisar cómo llegaste a esa respuesta?”

Dar unos segundos para pensar puede ser mucho más valioso que proporcionar la solución.

¿Y memorizar está mal?

No.

Hay conocimientos que necesitan memoria y repetición.

Las tablas de multiplicar, vocabulario, ortografía, secuencias, sonidos, conceptos básicos y muchos otros aprendizajes requieren práctica.

Memoria y comprensión no son enemigas.

Lo ideal es que trabajen juntas.

Podemos recordar información y, al mismo tiempo, comprender qué significa, cómo se relaciona con otros conocimientos y cuándo podemos utilizarla.

Aprender no siempre se ve como estudiar

Una conversación durante la comida puede convertirse en aprendizaje.

Cocinar implica cantidades, medidas y secuencias.

Un juego de mesa trabaja reglas, estrategia y resolución de problemas.

Leer juntos desarrolla lenguaje, comprensión e imaginación.

Preguntar por qué el cielo cambia de color puede abrir una conversación sobre ciencia.

Los niños están aprendiendo constantemente, muchas veces sin estar sentados frente a un cuaderno.

Por eso es importante ampliar nuestra idea de qué significa aprender.

En la escuela, el proceso también importa

Una educación significativa no busca únicamente que los alumnos acumulen respuestas correctas.

Busca que puedan comprender, cuestionar, relacionar, experimentar y utilizar lo que saben.

Por eso, al observar el aprendizaje de un niño, vale la pena mirar más allá de una calificación.

Preguntarnos:

¿Puede explicarlo?

¿Puede relacionarlo?

¿Puede utilizarlo?

¿Tiene curiosidad por saber más?

¿Puede intentar una estrategia diferente cuando algo no funciona?

Todas estas también son señales de aprendizaje.

En lugar de preguntar “¿qué aprendiste?”, prueba esto

La próxima vez que tu hijo llegue de la escuela, puedes cambiar:

“¿Qué aprendiste hoy?”

por:

“¿Descubriste hoy algo que antes no sabías?”

La diferencia parece pequeña, pero la segunda pregunta abre la puerta a mucho más que recordar el contenido de una clase.

Porque aprender no significa únicamente guardar información.

Significa poder hacer algo nuevo con ella. 💛

Para reflexionar 💭

¿Alguna vez tu hijo te ha sorprendido utilizando en casa algo que aprendió en la escuela?

Cuéntanos qué fue. Esas pequeñas conexiones son algunas de las mejores formas de ver el aprendizaje en acción.

 
 
 

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