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¿Por qué mi hijo dice “no sé” cuando le pregunto qué hizo en la escuela?

  • Foto del escritor: Maren Kids
    Maren Kids
  • hace 12 horas
  • 4 min de lectura

Cómo lograr que los niños nos cuenten más sobre su día sin convertir la conversación en un interrogatorio

“¿Cómo te fue en la escuela?”

—Bien.

“¿Qué hiciste?”

—No sé.

“¿Con quién jugaste?”

—No me acuerdo.

😂 ¿Te suena familiar?

Después de varias horas separados, es completamente natural querer saber qué hizo nuestro hijo en la escuela, cómo se sintió, con quién jugó, qué aprendió y hasta qué comió.

Pero muchas veces recibimos respuestas de una sola palabra.

Y aunque puede resultar frustrante, que un niño responda “no sé” o “no me acuerdo” cuando le preguntamos por la escuela no necesariamente significa que no quiera contarnos nada.

A veces, simplemente, la pregunta es demasiado grande.

¿Por qué mi hijo no me cuenta lo que hace en la escuela?

Pensemos por un momento en la pregunta:

“¿Qué hiciste hoy?”

Para un niño, responder implica recorrer mentalmente varias horas de información y decidir qué parte queremos conocer.

¿La clase de inglés? ¿El recreo? ¿Lo que pasó con su amigo? ¿La actividad que hizo por la mañana? ¿Lo que comió?

Además, al salir de la escuela puede estar cansado, hambriento o saturado de estímulos.

Quizá lo último que quiere hacer en ese momento es elaborar un resumen de su jornada.

Por eso, muchas veces ese famoso “no sé” significa algo mucho más sencillo:

“No sé por dónde empezar.”

El momento de preguntar importa

A veces queremos conocer absolutamente todo… en cuanto se suben al coche.

“¿Cómo te fue?”

“¿Qué comiste?”

“¿Qué dijo tu maestra?”

“¿Terminaste tu trabajo?”

“¿Jugaste con tus amigos?”

Y todo antes de salir del estacionamiento. 😂

Pero después de una jornada escolar, algunos niños necesitan primero descomprimirse.

Comer algo, descansar, jugar, estar en silencio o simplemente disfrutar de nuestra compañía puede ayudarlos a hacer la transición entre la escuela y la casa.

La conversación puede aparecer después.

Y muchas veces aparece espontáneamente cuando dejamos de perseguirla.

Cambia “¿cómo te fue?” por preguntas más pequeñas

Si queremos fomentar la comunicación con nuestros hijos, podemos cambiar las preguntas generales por otras mucho más concretas.

En lugar de:

¿Qué hiciste hoy?

Podemos intentar:

  • ¿Qué fue lo más divertido que pasó hoy?

  • ¿Con quién jugaste en el recreo?

  • ¿Hubo algo que te hiciera reír?

  • ¿Qué actividad te gustó más?

  • ¿Hubo algo difícil hoy?

  • ¿Quién se sentó cerca de ti?

  • Si pudieras repetir una parte de tu día, ¿cuál sería?

  • ¿Aprendiste algo que ayer no sabías?

Las preguntas específicas ayudan al niño a recuperar un momento concreto de su memoria y hacen que la conversación fluya con mayor naturalidad.

Pero cuidado: tampoco necesitamos hacer 20 preguntas

El objetivo no es sustituir:

“¿Cómo te fue?”

por:

“Bienvenido al interrogatorio familiar de las 3:00 p. m.” 😂

No necesitamos conocer cada detalle de su día.

Podemos hacer una o dos preguntas y escuchar realmente la respuesta.

Y si ese día no quiere hablar, también podemos respetarlo.

Cuando un niño sabe que puede contarnos algo sin sentirse presionado, es más probable que vuelva a nosotros cuando realmente necesite hacerlo.

Cuéntale tú primero

Esta estrategia es sencilla y funciona muy bien.

En lugar de comenzar preguntando, podemos compartir algo de nuestro propio día.

Por ejemplo:

“Hoy me pasó algo muy chistoso en el trabajo…”

o:

“Hoy algo me salió diferente de lo que esperaba y me frustré un poquito.”

Cuando los adultos compartimos experiencias cotidianas, les mostramos que conversar sobre nuestro día es algo natural.

Y muchas veces aparece un:

“¡A mí también me pasó algo hoy!”

Ahí comienza la conversación que estábamos buscando.

Escuchar sin solucionar inmediatamente

Hay otro punto importante.

Si queremos que nuestros hijos nos cuenten cosas, necesitan sentir que pueden hacerlo sin que cada historia termine automáticamente en consejo, regaño o solución.

Si nos cuentan:

“Hoy me peleé con mi amigo.”

Nuestra primera reacción puede ser preguntar qué pasó, quién empezó o qué hicieron después.

Pero a veces podemos comenzar simplemente con:

“Uy… parece que eso te molestó mucho.”

Y esperar.

Muchas veces, si dejamos un poco de espacio, ellos mismos continúan contando.

Escuchar también significa tolerar unos segundos de silencio.

La confianza se construye en las conversaciones pequeñas

Queremos que nuestros hijos nos cuenten las cosas importantes.

Pero esa confianza no comienza cuando aparece un gran problema.

Se construye mucho antes: hablando del recreo, de un dibujo, de quién hizo reír a quién, de una actividad difícil o de algo aparentemente insignificante.

Cuando mostramos interés por sus pequeñas historias hoy, les enseñamos:

“Lo que me cuentas me importa.”

Y ese mensaje puede ser muy importante conforme van creciendo.

Familia y escuela cuentan partes diferentes de la misma historia

También es normal que la versión que recibimos en casa sea pequeña.

Los niños viven muchas experiencias durante la jornada escolar y no siempre tienen la necesidad —ni la capacidad— de narrarlas todas.

La comunicación entre familia y escuela nos permite conocer su desarrollo desde diferentes perspectivas, sin esperar que el niño sea el único responsable de transmitir toda la información.

Y mientras tanto, en casa podemos mantener abierta la puerta de la conversación.

Sin presión.

Sin interrogatorios.

Y sin preocuparnos demasiado por ese famoso:

“No sé.”

Quizá hoy no quiera contarte nada al salir de la escuela…

y justo cuando estés apagando la luz para dormir te diga:

“Mamá, se me olvidó decirte una cosa que pasó hoy…” 😂💛

Y ahí estaremos para escuchar.

Para reflexionar 💭

¿Cuál es la respuesta favorita de tu hijo cuando le preguntas cómo le fue: “bien”, “no sé” o “no me acuerdo”? 😂

Cuéntanos en los comentarios.

 
 
 

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